Hoy todo han sido discordias. La primera de todas se produjo anoche. Que Él y yo tengamos percepciones distintas de las situaciones me hace creer de veras que somos incompatibles. Expreso un deseo y se entiende como un reproche. Me siento hasta culpable cuando en realidad se ha sacado un provechoso usufructo de mi persona. ¿Conocéis ese punto de la conciencia en que uno duda de su capacidad para discernir lo real de lo imaginado/deseado/anhelado? Si decís que sí, es porque habéis permanecido demasiado tiempo junto a alguien inconveniente.
2. Marcha anticorrupción. La atonía del día se ha saldado con la lectura atenta de periódicos varios. Me ha parecido simpático descubrir que una estudiante de Filología Hispánica, Laura Mir, era quien estaba detrás de la manifestación anticorrupción que tuvo lugar el sábado por la mañana en Palma. Un reproche a la organización: la hora, muy matutina. A las 18 horas habría estado mejor. Hemos echado en falta la presencia del mundo de la cultura balear en bloque. Una vez más las poltronas subvencionadas en demasía mantienen ocultos a sus poseedores. Demasiadas cosas a deber en la factura que la cultura paga a la política. La cobertura televisiva balear (IB3, TVM), una vergüenza: ¿dónde estaban las pancartas increpatorias contra Maria Antònia Munar, la nueva consejera de los periodistas?
3. Laporta. Cada vez detesto más a este hombre. No le basta con gestionar el verdadero poder fáctico de Cataluña, el Barça, para venir ahora y meterse en política. He vivido en Barcelona tres añitos y uno de los temas sobre los que menos he hablado en la calle es el Estatut. Laporta, omnipotente: no le basta tener en sus manos el Camp Nou, el lugar del mundo en el que más se promociona el catalán con el precio de la entrada. Está lleno de guiris y cuando televisan un partido con algún equipo extranjero miles de personas escuchan nuestra lengua. Laporta, un tipo que se sabe modelo moral y ético de Cataluña, y no como Tiger Woods, que descuidó deshacerse de las pruebas del 'crimen' que cometió: el adulterio reiterado. El president echó de España a su supuesta amante y escondió la mierda bajo la alfombra. Laporta es su mejor psicoanalista, se trata a sí mismo: conoce perfectamente que la gente se mueve por impresiones superficiales y que gusta de comportamientos ejemplares. "Hay que ser un espejo de las expectativas de la sociedad", se repirte. Woods se equivocó al pensar que un deportista es hoy en día tan sólo eso, un tipo que da patadas o con un palito a una pelota. Como dice Víctor: sí, los deportistas son casi como los nuevos mesías (tendrían que ver/escuchar en qué tono lo dice). Mientras, señala cabreado un repor con los abdominales de Cristiano Ronaldo.
domingo, 13 de diciembre de 2009
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